Narcos idolos de los niños en cd. juarez


Esta nota la puse por que si hay drogas de 25 pesos, son drogas baratas pero no lights de ninguna manera y si pensamos en los niños de los cruceros con su pegamento, no es cierto lean esto publicado en el universal Domingo 21 de febrero de 2010, como veran estos jovenes anhelan ser grandes Narcotraficantes, admiran la violencia con que atacan y el poder que tienen dentro de la mafia, ¿quien quiere ser un luchador?  cuando puede ser jefe de un cartel y ser famoso en los narco-corridos ,salir en la television, ser buscado por la DEA e INTERPOL, como dijo 50cents “Get rich or dye  trying”   ,¿ donde quedaron nuestros heroes?  si es que algun dia los tuvimos, ya nadie quiere ser policia, ni siquiera un superheroe…

El universal.- nurit.martinez@eluniversal.com.mx

Apenas tienen 13 y 14 años de edad y dicen ser de La Familia. En la secundaria formaron un grupo de 20 adolescentes que se adueñaron de los pasillos, los patios, los baños y la seguridad de la escuela a cambio de una “cuota” de uno a siete pesos por día; primero extorsionaron a los maestros y luego a los estudiantes.

Ese día se lo advirtieron a un alumno: “No te vayas por ahí, están los de La Familia, los de tercer grado”.

Él no hizo caso, quería ir al baño. Siguió su camino.

—Dame un peso —le lanzó un grandulón de 1.60 metros y de lunares blanquizcos.

—¿Qué?

—¡Te digo que me des un peso! —retó mientras acercó su cuerpo hacia él.

— No, no tengo —fue la respuesta y motivo suficiente para que lo pescara por la cintura y de inmediato otros dos adolescentes que esperaban detrás de su jefe se le fueran encima.

Lo voltearon de cabeza y así lo depositaron en el bote de basura que fue el único testigo de lo que ocurrió en el pasillo.

Los maestros de esta secundaria en Ciudad Juárez, en la colonia Miguel Enríquez Guzmán, tenían más de un mes de asumir el costo de la extorsión que en principio “empezó como un juego. Primero pensamos que era porque esta es una zona de pobreza y que nos pedían porque no traían para completar para el lonche. Luego era a diario y nos pedían a todos. Lo platicamos y dejamos de darles”, dice una maestra entrevistada vía telefónica. Tiene miedo, por lo que no autorizó publicar su nombre.

En esa escuela la situación se tornó peor, asegura. Empezaron con los niños de primero y segundo grado; y ya no era un peso, llegaron a ser de cinco a siete pesos. Cada vez que los niños llegaban a un patio o cancha, cruzaban un pasillo, iban a un baño o para salir a la calle, tenían que pagar una cuota a ese grupo con tal de no ser agredidos, conservar sus lonches, sus mochilas, tenis o la ropa”, asegura un maestro.

“El niño se me acercó para pedirme dinero. Dijo, ya no traigo dinero. Me acaban de quitar lo que traía para mi lonche, fueron los que están en el patio. Dicen: somos de La Familia”, afirma la maestra.

Empezaron pidiéndoles a los niños, relata, después les decían “me tienes que dar tanto porque si no algo le va a pasar a tu mochila. Algo te va a pasar a ti, te van a pegar o te vamos a mandar a otros para que te provoquen y te pelees.

“A la hora del recreo se veía a las pequeñas células caminar; el líder siempre rodeado de otro grupo”, describe la docente. “Han aprendido lo que ven en sus casas y en las calles, pues son hijos de sicarios o familiares de encarcelados por narcomenudeo.”

Excesos y deserción escolar

“Los niños se han convertido en el vínculo de las pandillas —que se dedican al robo de transeúntes y casas— y las organizaciones del narcotráfico”, relata Rafael Hernández, presidente del Consejo Nacional de Alianzas Educativas.

Dice que en Ciudad Juárez, Chihuahua, existen entre 60 y 70 escuelas de un total de 120 secundarias “en donde deberíamos estar preocupados por lo que está sucediendo con los jóvenes”.

Una vez que las niñas salen del plantel, entre las calles grises de arena, sin pavimentar y sin alumbrado público, se organizan a diario peleas que son grabadas para subirse a internet o venderlas en discos en los mercados ambulantes.

Además de la extorsión, venta de drogas y violencia, también ocurre el consumo de alcohol y la participación de las niñas en redes de prostitución infantil o trata de personas, asegura.

De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Alianzas Educativas, durante el último año alrededor de 10% de los niños han abandonado las escuelas debido a la violencia, las adicciones, el narcomenudeo y la prostitución.

Un caso así es el de “Laura”, de apenas 14 años de edad. Su comportamiento ha sido calificado como rebelde por las perforaciones que lleva en su cara y cuerpo. Lo mismo por las modificaciones que sufrió su uniforme al recortar la falda, llevar un pronunciado escote en su blusa y por la cantidad de maquillaje en su rostro.

Las constantes faltas en la escuela fueron la evidencia para ser detectada por sus maestros. Se reunía con otras jóvenes en un lugar de diversión que está cerca de otra escuela, pero que en realidad opera como prostíbulo, cuenta una maestra.

—¿Por qué lo haces? —le preguntó la profesora.

—Porque me gusta.

—Pero mira, te podemos apoyar, buscar una beca…

—No lo voy a dejar, así estoy bien… ¡No me fastidie! —fue lo último que dijo. A los pocos días dejó la escuela.

Usados por el narco

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) establece que en México, siete de cada 100 alumnas y alumnos no se inscriben al siguiente ciclo escolar, provocado por la pobreza o la violencia en las aulas, por lo que la deserción en el país se agudiza en la secundaria.

En ese plantel, en ocasiones, al llegar a la barra de la cafetería, el líder busca un lugar para sentarse. A su escolta le ordena: “Fórmense, a mí me traen una hamburguesa y un jugo, ustedes piden lo que quieran”. Luego indica que otro se le acerque, es el encargado del dinero para pagar. Esta escena la cuenta vía telefónica otra maestra de la ciudad.

“Hoy yo les picho un burrito y una soda a todos”, se le escucha decir a un niño que se dice ser el líder, en ese momento.

“Cuando alguien les pregunta ‘¿de dónde sacan el dinero?’, se cubren e inventan. Dicen que se lo mandó su papá, su tío, o algún primo que se fue a Estados Unidos. Sus celulares, ropa o tenis de marca contrastan con su pobreza, que normalmente son hijos de migrantes o madres solteras”, relata la profesora.

Temor entre maestros

Es ante estas situaciones, cuando los maestros sospechan que los jovencitos pueden estar en actividades ilícitas. Algunos docentes relatan los hechos bajo condición de no revelar sus nombres.

“Cuando los niños se sienten en confianza y son más abiertos nos dicen. Sí te cuento, pero no vayas a rajar ni a chismear. Nos dicen que les dan entre 500 y 700 pesos a diario, por un ratito, en las tardes. Que les dicen que vayan a una casa o a un carro, ahí mismo en la zona, que dejen un paquete y ahí les pagan”, revela un profesor quien pidió mantenerse anónimo. “Bueno, algunos ganan más del doble que nosotros, a veces”, relata otro maestro.

Los profesores hablan con temor, con miedo. “En un principio, cuando llegamos a contarlo nos empezaban las llamadas a los celulares o nuestras casas. Era acoso y hasta secuestros exprés se presentaban entre los maestros”, dice una profesora.

Uno de los prefectos que en principio accedió a platicar con EL UNIVERSAL sobre el tema, luego desistió porque le robaron su auto de manera violenta.


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